Mi hijo se chupa el dedo, ¿qué puedo hacer?

El acto de chuparse el dedo es un acto reflejo que tiene relación con la succión y estimulación del pezón materno para alimentarse.

La succión del dedo cumple, además, una segunda función. Esta, que muchos papás conocen por experiencia, es la de calmar al bebé ante determinadas circunstancias que pueden generarle estrés: miedo, sueño, hambre o inseguridad. En estos casos, chuparse el dedo devuelve al bebé a una situación controlada, segura.

Esta misma función es la que cumple el chupete.

¿Es mejor que chupe el dedo o que utilice un chupete?

Al igual que el acto de chupar el dedo o el uso del chupete es una fase normal en la evolución del bebé que debería finalizar en una franja de edad situada entre los 18 y 24 meses.

El abandono del hábito del chupete es más fácil ya que finaliza con la desaparición del dispositivo. Sin embargo, si el bebé ha desarrollado el hábito de succión del dedo, puede ser más complejo conseguir que abandone el hábito, ya que el dedo siempre está disponible, lo que puede alargar esta fase.

¿Cuáles son las consecuencias de chuparse el dedo más allá de la fase normal?

Si el niño alarga la fase más allá de los 24 meses, pueden empezar a presentarse algunos problemas que irán incrementándose a medida que el niño crezca sin abandonar el hábito.

Los problemas generados por la succión del dedo dependerán de la frecuencia con que se haga, la intensidad, el tiempo que lo mantenga dentro de la boca e, incluso, la posición.

Maloclusiones

La primera de las consecuencias de chuparse el dedo que aparece es la mordida abierta anterior. En este tipo de alteración de la oclusión dental, los dientes superiores e inferiores no llegan a contactar.

La segunda alteración que se presenta es la mordida cruzada posterior. En este caso, los dientes del maxilar superior ocluyen en la parte interior de los dientes de la mandíbula (maxilar inferior).

Más allá, puede aparecer la protrusión dental de incisivos superiores, que corresponde a un abanicamiento de los incisivos superiores por el que encajan de una forma muy avanzada respecto a los dientes inferiores.

Todas estas consecuencias son recuperables mediante tratamientos ortodónticos.

Sin embargo, si el hábito aún siguiera perdurando a partir de este punto, se producirían consecuencias irreversibles.

Deformaciones en el paladar

El hábito de chuparse el dedo provoca la elevación excesiva de la bóveda del paladar. A esta malformación se le denomina paladar ojival. El paladar ojival es descrito como un paladar muy alto y/o hundido con una arcada muy estrecha que dificulta la posición lingual.

Otras consecuencias

Otras consecuencias de chuparse el dedo serán la aparición de infecciones orofaríngeas (amigdalitis, estomatitis), infecciones gastrointestinales (gastritis y gastroenteritis), problemas en la fonética y pronunciación, alteraciones en los dedos y trastornos emocionales si es señalado por compañeros.

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